
Estoy pasando por una fase interesante de mi vida. He cambiado física y emocionalmente, y a cada paso que doy a partir de estos cambios me encuentro con un mundo nuevo para mí.
Por otro lado tengo una especie de "crisis de la edad" ligada con "miedo al compromiso" (bastante irónico todo porque tengo mil año de amore con Angel). El asunto es que los últimos meses han servido para dejarme llevar por ciertas circunstancias, y monitorear todo lo que pienso y siento al respecto. La verdad es que he tenido demasiados momentos de tensión. Pero la razón por las que HOY escribo esto fue un episodio ocurrido ayer en la noche que me hace replantearme mi "nueva juventud".
El novio y yo llegamos a un lugar, al parecer de moda porque era bastante temprano y tenía mucha "gente" (ya verán porque lo pongo entre comillas). Vemos un grupo de "gente" que baja de un vehículo que iba para el mismo lugar que nosotros. Oh sorpresa! Pocos llegaban a los 17 años. El novio aprovechó para carcajearse y llamarme "Peter Pan". Tuvimos la osadía de subir las escaleras, pero seguía llegando "gente" y yo me sentía en un jardín de niños (no tengo que decir que todavía mi fase materna no ha llegado...), y antes de llegar a la puerta maté el asunto con un "vámonos!". Al novio le fascinó el episodio, pero lo demostró en menor medida que yo, que me estaba riendo como una loca desde que llegué!
Luego nos fuimos a un lugar un poco más "adulto", y la noche fue increíble: "veni, vidi, vici".
El show es que ni cuando tenía 16 me gustaban los lugares que frecuentaban los de 17!! Siempre fui muy madura para mi edad y ver a unos carajitos medio borrachos bailando malo, no era divertido (bueno, talvez un poco jajaja). He descubierto que puedo conservar algunas de mis nuevas actitudes y mezclarlas con otras "viejas". Puedo cambiar el casette cuando quiera! La posibilidades son ilimitadas... (pobres de los que tengan que lidiar conmigo y mis tantas posibles posiciones hacia una misma cosa).
En definitiva ahora trato de disfrutar un poco de todo.
De la juventud: las brisas nuevas, el cambio, el querer hacerlo todo, el comerse el mundo, la aventura, el aprendizaje, las tendencias, el ruido, la euforia, la sorpresa, el descontrol, la ilusión, la pasión, y otras más.
De la adultez: el lograr mis metas, el empoderamiento, la tranquilidad, la confidencia, la confianza, la amistad, la satisfacción, la responsabilidad, la excelencia, la experiencia, la planificación, el control, el importantizar las cosas, el aprecio a la familia, y muchas más.
No tengo que abandonar ningunas de mis dos vertientes, al contrario, el tenerlas es una ventaja respecto a los demás: me da un campo de visión y acción mucho más amplio. Pero debo tener cuidado y no hundirme entre esas aguas bravas y mansas.
Luz Dalisa







