miércoles, 26 de mayo de 2010

Límites del cambio

El cambio es la esencia del universo. "La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma". A veces estamos tan inmersos en cambiar aquello que nos disgusta, que también perdemos aquello que nos gusta.

Somos evolución, transformación... y deberíamos seguirlo siendo hasta el fin de nuestros días. Pero una cosa es cambiar, y otra es perder nuestra esencia. Lo que cambia era algo, pero aunque ahora es otra cosa hay un lazo que los une. Lo más "bueno" o "malo" de lo anterior persiste. Pero, ¿qué pasa cuando no persiste nada? ¿Qué pasa cuando renegamos de lo que fuimos de tal manera que ya no hay lazo, que no hay conexión entre lo que fui y lo que soy?

Las personas somos un paquete. Tenemos virtudes y defectos. Hay cosas nuestras que nos encantan y otras que detestamos. Cuando alguien cambia al extremo, las cualidades admiradas por los demás desaparecen, y surgen unas nuevas. El asunto es que extrañamos esas anteriores que conocíamos y nos agradaban. O a veces, una persona cambia y pone sus intereses por encima de los del colectivo y eso también causa un impacto.

¿Entonces es malo cambiar? Por supuesto que no. Pero todo en la vida debe ser "racionado". Cuando una persona cambia de manera radical da a entender que todo ese pedazo de vida fue un disparate, que no valió la pena vivirlo. ¡Pero eso no es cierto! De todo podemos aprender, especialmente de lo malo que nos acontece. "Hoy es el primer día del resto de mi vida". Además, por mal que la hayamos pasado, a todos nos pasan cosas buenas y todos aprendemos a disfrutar de situaciones o circunstancias.

Así que cambiemos, pero cambiemos para mejorar.

De nada vale cambiar si nos convertimos en algo peor de lo que fuimos.

Luz Dalisa

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