sábado, 26 de marzo de 2011

De religión y otros demonios...

Tengo tiempo que no escribo. Existen muchas razones para ello. I´ve change. A lot of things have happended in my life. Pero gracias a Dios hoy me levanto y camino otra vez.

Lo que me animó a escribir otra vez fue una reflexión a la que llegué: no se puede hablar de un Dios, de una energía que envuelve el universo, o de lo que sea que implique para alguien la no simple existencia del mundo material, sin hablar de filosofía.

Desde hace mucho tiempo diversas religiones hablan de Dios como el origen de todo. Ese origen, que también reina entre nosotros, es omnipotente, onmipresente y ha establecido unas pautas de comportamiento que deben ser acatadas. Quien haga lo opuesto a eso "peca", es "malo", va para el mismísimo "infierno".

Ok, vamos por parte. Me dicen lo que es "correcto", pero no me dicen por qué. ¿Cómo instituciones que implican tanto para la gente no se molestan en edificar ni siquiera sus mismo principios? ¿Es que sus seguidores valen tan poco que ni siquiera una explicación decente se merecen?

Encima de que tengo que hacer lo que me ordenan "por que sí" suelo sentirme desorientada en los casos en que mi iglesia no me dijo específicamente qué hacer. ¿Qué hago con todo lo que me pasa en mi vida cotidiana? Porque si son tan caradura de decirles a la gente lo que tienen que hacer, hagan bien su trabajo.

Es muy fácil decir que algo está mal sin decir por qué. Es más, como soy yo que enfrento las consecuencias de mis decisiones, nadie debería decirme que algo está mal o bien. Solo necesito que me expliquen todas las posibles consecuencias que podría acarrear una acción. El caso del sexo pre marital: "es un pecado" no lo resuelve todo. Es mejor que me digan "hay muchas enfermedades de transmisión sexual, así que tienes que protegerte", o "existen personas a quienes le resulta una carga emocional muy grande participar de una relación sexual", o "si tienes sexo puedes engendrar un ser humano, y esto te podría cambiar la vida", o un montón de cosas más que le darían la opción a cualquiera de tomar la decisión de hacerlo o no, asumiendo las consecuencias que amerite esa acción u omisión, porque se tiene un conocimiento real de lo que implica la situación.

Todo se podría resolver con un poco de educación.

Cuando vivimos en sociedad debemos tener un comportamiento que no entorpezca el quehacer de los demás, que permita una convivencia saludable. "Mi derecho termina donde comienza el del otro". En buen dominicano, usted tiene la libertad de hacer lo que le venga en gana siempre que eso no lo perjudique ni a usted ni a nadie más.

Bueno, ya tenemos la parte de "ente social" cubierta. Ahora bien, ¿cómo sé cuando algo está bien o está mal?

Cada individuo tiene una escala de valores. Cuando realizo algo que va en contra de mi escala de valores, me siento incómodo. Por ejemplo: si un amigo me pregunta cómo se ve (se ve fatal y no tiene cómo cambiarse de ropa), a mí no me gusta decir mentiras y en vez de decir el valioso "muchacho, vámonos que estamos tarde" se me ocurre decirle "muy bien", en la fiesta cada vez que lo vea sentiré una mezcla de pena y culpa.

Es muy importante que cada persona se tome la molestia de conocerse, para estar en capacidad de actuar respetando tanto las normas sociales, como su propia escala de valores. Esto es indispensable para evitar conflictos con los demás y con uno mismo.

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